Bratz, experiencia con una escort teen y un encuentro no planeado

bratz-teen-escort foto tomada de su twitter

Por la mañana le envié un mensajito a Tania. Quería verla por la noche. A esta puta la conocí varios meses atrás en una página de escorts. Al suponer que su perfil podría desaparecer, antes de despedirnos le pedí su contacto. Me dio su número personal. Nunca le pido el número a las chicas, pero esta vez había hecho una excepción. Me gustó mucho la química sexual que tuvimos aquella tarde en el Montreal. Como todo un buen simp, había planeado invitarla a cenar y después tomar el servicio. Para mi mala suerte Tania se encontraba fuera de la ciudad y nunca pude concertar la cita. Tuve que buscar a otra chica. Envíe como seis o siete solicitudes y solo una me contestó.

Pasan los años y el mandato biológico define con mayor claridad mis preferencias erótico afectivas. Atrás quedaron los días en los que me sentía profundamente atraído por las mujeres mayores. El perfil de las chicas teen se ha convertido en uno por el que estoy sintiendo mayor atracción. Primero Luna, luego Catalina y después Baby Melissa. Al poco tiempo de enviar los mensajes masivos, una chica de nombre Bratz Teen me respondió con la información precisa sobre su servicio.

Tenía la referencia de esta chica por el perfil de Pastelito, una escort famosa que no hace mucho tiempo se retiró de las canchas. Leí con detenimiento los detalles de su servicio y acordamos en vernos a las 8 de la noche en el Hotel Alpes de Tlalpan. Para asegurar la cita me pidió un depósito de 200 pesos. La cita estaba confirmada.

Un encuentro no planeado

Faltaban más de dos horas para ver a Bratz Teen. Esperar tanto tiempo me había puesto un poco ansioso. Para quemar el tiempo decidí salir a comprar algunos refrigerios y uno que otro utensilio de higiene personal. Antes de salir del hotel el recepcionista me dijo que si me retiraba de la habitación debía dejar la llave. Caminé dirección a un cajero ubicado justo entre los hoteles Castillo y Alpes, una ubicación bastante apropiada para quienes visitamos con frecuencia dichos recintos. El cajero estaba fuera de servicio. La app de Google Maps me indicó que el siguiente más cercano se encontraba dentro del Walmart Nativitas, a un costado del metro. Para mayor comodidad me subí al metro y viajé dos estaciones.

Después de realizar las compras y retirar el dinero con el que le pagaría a la puta de esta noche, caminé varios minutos sobre la avenida con dirección a Villa de Cortés. A mi paso encontré a las tradicionales prostitutas ofreciendo sus servicios sobre la banqueta, algunas muy atractivas que lo que hacían era atizar mucho más mi deseo.

Al atravesar la calle mi atención se dirigió hacia una chica alta de minifalda negra de cuero y medias tipo fishnet. Una mujer muy atractiva de tez blanca, ensimismada al horizonte urbano y envuelta por una atmósfera musical que emanaba de unos audífonos de diadema. No es común ver a una mujer así. Un impulso me obligó a regresar y cerciorarme de lo visto: ¿lo que veía no era acaso un espejismo producido por el impulso sexual de mi cita de las 8? La saludé con un nervioso buenas noches y le pregunté por el costo de su servicio.

Con una mirada distante y un movimiento lento de sus manos retiró los audífonos de sus orejas puntiagudas y dijo: “700 pesos más el hotel”. Aun sabiendo que ya tenía una cita apartada no pude resistir. Aquel día de eso se trataba, de dar rienda suelta a mi deseo sexual. Mi voluntad había sido rota por la belleza de una chica tijuanense, supe después.

Asentí y entramos al Hotel Casa Silencio. Nunca había estado en ese tugurio. En el bolsillo llevaba un dinero adicional que había pensado invertir en algunos servicios extra de Bratz, dependiendo si el encuentro resultara fuera de lo normal.

Esperamos algunos minutos para que la persona encargada de asignar las habitaciones nos pudiera dar una. Mientras tanto, le pagué el servicio y le pregunté por su nombre. Al entrar a la habitación mi meretriz comenzó a desvestirse de inmediato. A los pocos segundos ya se encontraba totalmente desnuda de la cintura para abajo. La vi desprender la esquina dentada de la bolsita del preservativo y con el teléfono programar un cronómetro de 15 minutos.

Recuerdo aquella habitación gris iluminada por el rostro hermoso y blanquecino de una prostituta tlalpeña, recuerdo el calor que emanaba de su entrepierna rasurada. El tiempo seguía consumiéndose por el frenético paso de los segunderos. Con prisa de su bolsa sacaría un paquete de toallitas desinfectantes. Me limpia la verga y los güevos a conciencia. El ritual aséptico de igual manera consistió en ponerme otra toallita en el nacimiento de mi tronco genital. Finalmente tomaría el condón y me envolvería el miembro con una destreza cuasi quirúrgica: lo agarra con toda su mano y me empieza a masturbar con mucha fuerza para asegurar que la erección llegara al límite. Durante todo el tiempo que estuvimos solo escuché cinco oraciones salir de sus labios: “700 pesos más el hotel”; “me llamo…”; de Tijuana; “¿cómo quieres hacerlo?”; y “adiós”.

Le pedí que se subiera a la cama y se pusiera en cuatro. Así permanecí follando ese hermoso cuerpo, mientras ella revisaba su celular sin emitir ningún sonido de placer o esbozar algún rictus que delatara un gozo genuino o fingido. Nunca pude encontrar su mirada. En ningún momento hicimos contacto visual. El único indicio de que estaba frente a un cuerpo humano era la humedad intermitente que emanaba del centro de su cuerpo.

Exploté dentro de ella justo a los pocos segundos en que la alarma del cronómetro anunciaba el final de este efímero encuentro. Un encuentro vacío desde el lado humano; necesario, desde el lado biológico. A final de cuentas sabía qué esperar. Nos despedimos como uno se despide y agradece al cajero del Walmart, al chofer del Uber o al despachador de la gasolinera.

Ahora tocaba regresar al hotel, esto solo había sido una parada. La verdadera noche de putería apenas iba a comenzar. Continué mi camino.

De regreso al hotel Alpes

Al llegar a mi habitación encendí la tele para poner un poco de música mientras me daba una ducha. La tele estaba sintonizada en un canal porno donde una chica asiática se masturbaba con un dildo electrónico. En aquel momento esa escena se me había hecho de mal gusto, mejor le cambié a un canal de música.

Antes de la llegada de Bratz apagué la tele y me quedé observando por la ventana. El ruido de los vagones del metro hicieron que me concentrara en una calle donde divisaba a 3 prostitutas en una esquina y una más alejada bailando uno de esos pinches cumbiones locos. De pronto tocan a la habitación.

No pude sentir el efecto de la adrenalina que usualmente uno siente cuando tu puta toca a la habitación. Seguro este peculiar impulso había sido suprimido por mi anterior encuentro. Sin embargo, al abrir la puerta y ver entrar a una chica de gafas de armazón transparente, luciendo una falda corta negra plisada compuesta por la trinidad de unos muslos, rodillas y pantorrillas perfectas, mi libido comenzó a recargar.

Foto tomada del Twitter de Bratz Teen

Visto a la distancia el aspecto de Bratz era convencional. Recuerdo lo bien que se le veían sus Converse blancos. Hay chicas que no necesitan una súper producción para lucir sexys, por sí mismas irradian una luz natural.

Antes de iniciar me pidió unos minutos para instalarse. Mientras se cepillaba los dientes le pregunté por su nombre y edad. Durante el intermedio del encuentro volví a preguntárselo porque lo había olvidado. Ahora nunca lo olvidaré.

Después de despojarse de la primera capa de ropa quedó expuesto un conjunto de ropa interior color azul cielo, tal y como lo luce en algunas de las fotos de su perfil. De pronto se aproximó desde una esquina de la habitación hacia mí. Me abrazó, señal que anunciaba el banderazo de inicio.

Este fue un particular momento porque se fusionaron la ternura y el erotismo. Al recordar este instante me estremezco. Cuánta sabiduría hay en la pluma de los poetas, sobre todo en la de quienes le cantan al erotismo y la juventud. La epidermis de Bratz Teen es un poema: la suavidad, la textura, el brillo, la temperatura y el olor fusionados en un cuerpo perfecto.

Me hinqué frente a ella y le empecé a besar sus costillas y el vientre. Retengo en mi mente la imagen de su esbelta y delicada cintura en contraste con su enorme y firme culo frente a mi rostro luego de girarla lentamente. Le alzaba la ropa interior para besarla y luego la regresaba a su estado original. Finalmente ella terminó por despojarse de lo último que cubrían sus partes pudendas.

Al quitarse el sostén de inmediato me abalancé para chuparle las tetas: pequeñas y firmes cuyos pezones color caramelo estaban aderezados por unos micro lunarcitos. Mientras se las chupaba le acariciaba la cintura hasta bajar y apretar sus nalgas.

Nuestras lenguas nunca se encontraron, solo la interacción entre los labios estaba permitida. Acariciaba su rostro mientras le daba besitos en el cuello; inhalaba la esencia de su alma desde la nuca. Seguimos con el juego sexual sobre la cama. Con destreza y una prisa controlada me puso un condón y comenzó a chupármela. Miré al cielo de la habitación mientras ella jugueteaba con su lengua en la punta de mi pene. En esa misma posición me acomodé un poco hacia la cabecera de la cama, puse una almohada debajo de mi cabeza y sentí cómo entraba lentamente. Bratz se movía a su antojo: por momentos solo jugaba con la cabeza de mi pene: entraba y salía. En otro momento se la metía hasta el fondo de su cavidad y solo meneaba las caderas para adelante y para atrás.

Desde que la vi entrar a la habitación la barrí de arriba abajo con la típica mirada de quien paga por sexo. Ansiaba ponerla en cuatro, sin duda la posición de mayor placer en el mundo animal.

La coloqué en esa posición y comencé a embestirla contemplando la delicadez de sus formas desde la nuca hasta ese hermoso culo en forma de corazón que estaba penetrando. Le pedí nalguearla. Alternaba una nalga y la otra, estampaba mi mano con severidad sin llegar a lastimarla, ni muy fuerte ni muy suave como dicta el protocolo. En ese mismo trance le pedí sujetarla del cabello, se lo enredé para hacerle una cola de caballo improvisada y jalarla con mayor resistencia, una bella estampa la que nos regalaba el espejo lateral de la habitación.

Después cambiamos de posición y la puse boca arriba para cogerla de frente. Mientras la penetraba le besaba el cuello y le acariciaba el rostro, al tiempo que le acomodaba el cabello detrás de sus orejas. Así estuvimos unos minutos hasta que en esa posición volví a estallar, ahora dentro del sexo de otra mujer.

Durante el parloteo que llega después de la tormenta sexual supe que Bratz Teen es una conversa reciente a la putería. Como sucede en muchos de los casos la influencia de las amigas tiene una repercusión decisiva para que las chicas den este giro drástico en sus vidas. He perdido la cuenta de los testimonios de chicas que han iniciado en circunstancias similares. Como sea, cualquier juicio que emita lleva un tufo de hipocresía de mi parte. Si estas chicas no tomaran esta decisión sería muy difícil que gente como yo pudiera conocer a chicas con estas características por los medios de cortejo tradicionales.

Como por arte de un hechizo volví a verla con ojos lascivos. Envuelta en las sábanas me acerqué a ella y comencé a besar las alas y el néctar de los motivos ornitológicos dibujados en sus brazos. Ella comenzó a masajearme los testículos. Con una mano le agarré una nalga y con la otra yo mismo me masturbaba. A lo anterior le agregamos unos besos tiernos que extendía por momentos hasta su cuello. Así terminamos aquella noche. Bratz Teen se despidió con un último beso de despedida.

Una vez que todo terminó, recibí una llamada a la habitación en la que me preguntaban si me encontraba bien, que una señorita salía de mi habitación, un gesto de la administración del hotel que siempre se agradece sobre todo ante la situación de inseguridad que acontece en dicha zona.

Llegué a casa

Antes de dormir abrí un momento la aplicación de Bumble. Noté que había hecho match con una persona. Esta es la descripción que aparecía en su bio: “Separada hace dos años. Mamá autónoma de 2 y solo uno vive conmigo. Fat en proceso Fit. Ya estoy en terapia. Creo en las energías, en vibrar y en una relación con Dios. Si buscas sexo dale a la izquierda de lo contrario no dudes en escribirme.” Deshice el match y cerré la aplicación.

En lugar de perder el tiempo entré a mi Twitter y vi que Naty Mendez @natalybrazil26, una escort brasileña, había regresado a México. Estamos en una época donde encontrar una relación sana se ha vuelto imposible. Conviene mejor invertir el tiempo, el dinero y la energía en una diosa del Amazonas, me dije.